No han pasado aun 365 días, menos de un año, cuando el gran manto de terciopelo, el telón del López de Ayala, caía por última vez, y silenciaba los ecos de las coplas de aquella IA de Marwan que los encumbró a lo más alto del COMBA25. A partir de ese momento ya era historia. Y en ese silencio donde en realidad nada termina, comenzó a latir un nuevo mañana en el que en realidad nada empieza.
Déjame que te cuente.
Llega el verano y empiezan
las ideas, las letras, los tipos. En septiembre ya está todo cerrado. Todo
comienza a tener estructura. Se empieza a perfilar el tipo, la escenografía;
la música y letra empiezan ese romance que dará paso al repertorio… Empiezan
los ensayos.
Llega la Navidad, donde todo parece que se acelera un poco más, ya casi estamos… Es 5 de enero y cuando le vemos la espalda a la carroza de Melchor, la turuta lo despide con ese sonido que lleva veneno entre las venas y se transforma en copla, los villancicos darán paso a las coplas de carnaval. Este año tan pegadas las fiestas no hubo tiempo real para digerir el final de la Navidad; así sin medias tintas. Todo se intensificará, los días de ensayo, la preparación de tipos, repertorios, ensayos, ensayos y ensayos… presentación de cartel de carnaval, preparación de la fiesta, ¡¡nervios, muchos nervios¡¡
Muchos serán
los que, hasta llegar a este 3 de febrero, serán las cinco de la tarde y no
han comido, dormirán a lo mejor menos de tres horas, en todas las semanas hasta
que llegue carnaval, o finalice el mismo y todo sin dejar a un lado trabajo y
familias. Todo para presentar sus obras y
defenderlas en el Teatro; otros para que todo esté correctamente organizado en
el Teatro y la ciudad para un Carnaval de nivel internacional. Y todo para
hacer disfrutar y alejar por unos días de las penas, los problemas y los males
a la ciudad; y sus visitantes que vienen deseosos de diversión, que mejor
terapia, una vía de escape a través del humor, la diversión, el arte hecho
espectáculo. Y a la vez para seguir arraigando, conservando y transformando, la
gran tradición carnavalera de nuestra ciudad.
Y así hasta llegar hasta esta semana, el comienzo del concurso de murgas en el Teatro
López de Ayala. Llegamos a ese compás que marcan el bombo y el platillo, ese
instante en el que parece que se detiene el tiempo, pero en realidad todo
sigue. De nuevo todo llega, nada termina, porque en realidad nada comienza. Déjame
que te lo cuente.
Ahora ya si estamos, en la cima o
en la sima… mañana es el día.
Que el pito marque el comienzo del
parto, que las gargantas canten libres, los amores, los odios, las risas, las
penas… que las guitarras expresen sus quejidos de libertad, que ya está aquí de
nuevo febrero, que se abran las puertas del cielo al pasodoble y el cuplé; al
popurrí y el estribillo…
Sobre las tablas, solo se oyen los
murmullos de la murga y el palpitar de sus corazones nerviosos, al otro lado el
primer aplauso del público, entre unos y otros ese umbral del tiempo o de la
vida, esa línea continua, que solo el terciopelo verde consolación del viejo
telón separa. Solo queda que el viejo telón se suba al universo murguero,
cruzaremos ese umbral, esa línea de la vida que parece que no llega, pero en
realidad llega, ese nada termina, porque en realidad nada empieza, la vida esa
línea continua, pero que no es recta, crucémosla, que las coplas hablen…
Ya estamos, va telón…
Disfruten, rían, aplaudan y
respeten.
Nos leemos estos días, ¡Déjame que
te lo cuente!…
Ángel Cordero.

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